felipe arratia

Sunday, July 13, 2008

Carnaval Toda la Vida

Los Fabulosos Cadillacs me enseñaron a escuchar música latina. Por insólito que parezca, antes de ‘Matador’, mi vínculo con la música en español se remitía a Los Prisioneros, Soda Stereo y no mucho más. No sé, tenía la idea de que la música ‘latina’ eran Yuri, Julio Iglesias, Perales, el ‘Puma’ Rodríguez, etc. Y claramente uno a los 15 años quiere estar lo más lejos posible de esos referentes.

En primer lugar, existe un vínculo indisoluble entre mi colegio y los Cadillacs. A TODO mi colegio le gustaban: siempre pensé que el himno del San Ignacio lo deberían haber cantado ellos. En fin, el tema es que, ‘Matador’ mediante, mi primer acercamiento con el ancho cancionero Cadillac fue en vivo: junio de 1995, Teatro Monumental. En mi curso éramos 28 humanistas. Fuimos 16 al lanzamiento de ‘Rey Azúcar’

Como me pasaría pocas veces en el futuro, llegué con mínima información al concierto. A mi lado, Pablo Cavada me soplaba cuáles eran las canciones. Yo apenas conocía ‘Mal Bicho’, ‘Matador’, o las viejas, muy viejas como ‘Yo te Avisé’ o ‘Mi Novia se cayó a un Pozo Ciego’. Esa noche, no exagero cuando digo que recibí una iluminación. Los Cadillacs sabían ser románticos sin ser melosos; eran comprometidos sin caer en la politiquería, y eran sociales sin abusar de la demagogia. Y lo mejor era que en su sarcasmo cruel, eran los primeros en reirse de sí mismos y en no tomarse en serio como ‘artishtas’. Si a eso lo sumamos el baile y el ritmo, la ecuación era perfecta.

Esa noche escuché gemas como ‘El León’, ‘Siguiendo la Luna’, ‘Gallo Rojo’, ‘Demasiada Presión’, ‘El Aguijón’, ‘El Genio del Dub’, neo-clásicos como ‘Carmela’, ‘Paquito’, ‘Estrella de Mar’, ‘Padre Nuestro’ (¿sigo?) y en especial la maravillosa versión de ‘Desapariciones’ de Rubén Blades, una canción que me ayudó a entender más de 1973 que cualquier clase de historia.

¿Y Vicentico? Pocas veces en el rock en español un frontman genera tal cercanía en la audiencia. No sólo son las groupies: es una comunión total facilitada por su actitud que bordea el desgano y la apatía y que, lo sabemos los que amamos a LFC, es todo lo contrario. Es la talla interna, el cigarro prestado, la mirada cómplice, la sensación implícita de que se encontró por casualidad con el micrófono, de que él podría ser cualquiera de nosotros, aunque sabemos que no es así. En su registro trasnochado se advierte una sensación de tristeza y añoranza por un pasado en que las cosas parecían estar mejor. Es el sello Cadillac.

Pero lo que de verdad me enamoró de LFC fue su incomodidad permanente, su búsqueda sin límites, reflejada mejor que en ningún disco en ‘Fabulosos Calavera’ (1997). Recuerdo que en esa época, Flavio incluso hablaba de cambiarse el nombre de la banda por el nombre del CD. Hasta hoy, ‘Fabulosos Calavera’ aparece muy arriba en el Top 10 de mi vida (junto a otros como ‘In Utero’, ‘Amor Amarillo’, 'The Bends’, etc.). ¿Por qué? Un disco se te mete en el alma cuando su esencia coincide con tu propio proceso, y yo, al igual que ellos, también me sentía en busca de algo que no sabía lo que era. Y seguimos buscando.

En ‘Calavera’ no hay miedo. O mejor dicho: hay, pero no importa. ¿Cambiamos? ¿Sonamos a Mr Bungle y luego a Tito Puente? No hagamos preguntas, dejémonos llevar. Desde esa apertura notable con ‘El Muerto’, pasando por la hardcore ‘El Carnicero de Giles’, la cumbiera ‘Hoy Lloré Canción’, el homenaje sincero a sus ídolos Sábato y Piazzolla o la sicodélica ‘Niño Diamante’. El show de lanzamiento de ese disco en Chile fue rarísimo: lo hicieron en el Teatro Providencia, Vicentico tocó piano casi todo el rato, y debutó Ariel Minimal en guitarra haciendo una versión de ‘El Anillo del Capitán Beto’ de Spinetta. El recital se denominó “Experimental Calavera Concherto”. Todo freak.

La Marcha del Golazo Solitario’ fue el canto del cisne de una banda harta de sí misma, de su nombre y de su historia. Ese subvalorado álbum incluyó citas a Thelonious Monk, largos pasajes instrumentales y. a pesar de todo, hits imbatibles como ‘La Vida’ y ‘Vos Sabés’. Los vi una vez más el 2001 (la cuarta vez) en un evento en el Estadio Nacional, junto a Gondwana y Los Wailers. Pero ya era evidente que había desgaste: hacían versiones distintas de sus clásicos y Vicentico y Flavio ya deslizaban la idea de pasar más tiempo con sus hijos. Junto antes de dejar de tocar en vivo, los trasandinos montaron un bizarro show en Baires que incluyó a una orquesta de cuerdas y que ellos bautizaron ‘Loco Miedo Loco’. Punto de inflexión, momento de Stand By.

Los discos solistas de Vicentico están bastante bien, pero obviamente no son lo mismo. Si bien suelen componer por separado, Flavio y Vicentico son dos fuerzas que se necesitan para que el monstruo tome cuerpo. Hoy, siete años después de esa separación jamás enunciada, los Fabulosos Cadillacs están de vuelta entre nosotros. Y lo harán como siempre: con un pie en la melancolía y otro en el futuro. Vendrá un disco nuevo, pero en su primer show de regreso hicieron algunos de sus clásicos más antiguos. Siempre incómodos, siempre talentosos. Nos vemos en diciembre!

4 Comments:

Blogger Roberto Carreño said...

Muy cierto, los Cadillacs dieron un vuelco a lo que la música popular reconocía como rock latino. Fueron siempre más audaces que sus compañeros de generación, que estaban más preocupados del cabello (no hay ni para que mencionarlos).
Recuerdo haberlos visto en 1998 en vivo, y aunque admito que Vicentico me identifico mucho más con el rock pausado de Vicentico solista, Cadillacs en vivo deben ser una de las mejores experiencias que el rock en español ha tenido.
Espero verlos en diciembre.

Saludos!

2:00 PM  
Blogger Antonio Díaz Oliva said...

Yo vi a los Cadillacs el 2001 en el Teatro Monumental (a.k.a) Caupolicán. Desde el momento en que escuché "Cadillacs" y unos punkys al lado mío comenzaron a hacer mosh como si estuviesen frente a la mejor banda de ska, supe que iba a ser algo especial. Creo que esa fue la despedida de los Cadillacs de Chile y no el del Bob Marley que estuvo un poco fome y frío.

Y bueno, también "Fabulosos Calaveras" y "La marcha del golazo..." los tengo de discos de cabecera. Agregaría la versión de "Miss you" de los Rolling Stones que tantas veces escuché en la Rock and pop cuando era un puber...

Saludos y nos vemos en diciembre entonces.

2:36 PM  
Blogger Sandra Gutiérrez said...

Sabes que en mi colegio pasaba lo mismo? todo el mundo amaba a los Cadillacs... cuestionarlos era como confesarse ateo en un colegio opus dei (lo más terrible de lo terrible, por si te queda la duda).

Obviamente que no fue lo mismo. Mi generación conoció a los Cadillacs porque "Matador" sonaba en las radios de sus hermanos grandes cuando sólo nos concentrábamos en juntar láminas para llenar el álbum de turno. Somos algo así como herederos (por ponerlo de alguna manera), y supongo que eso lo hace todo un poquito más triste.

Supongo que tendré que ponerles más oreja... ya que no ha sido el caso conmigo.

Un beso.

7:10 PM  
Blogger Alexandra said...

Qué buen texto, coincido en todo lo que dices. No estuve en el recital con Pablo Cavada, pero sí nos pasamos todos unos trabajos de verano cantando canciones de ellos.
Eso sí, una corrección: no fue julio, fue el 11 de agosto. También fue el 1º show que vi de LFC

2:30 PM  

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