felipe arratia

Wednesday, July 05, 2006

Morrison, en su Ley

Dicen que cuando Iggy Pop fue a un show de los Doors, entendió a qué tenía que dedicarse en la vida. La vocación de James Douglas Morrison estaba demasiado clara: el 'Rey Lagarto' se dedicaba a provocar. A restregar en la cara de la censura yanqui lo que pasaba cuando un tipo no cachaba lo que se podía o lo que NO se podía hacer.

O no le interesaba tenerlo claro.

De chico, siempre imaginé a Morrison como un tipo muy, pero muy gordo, lejos del símbolo sexual que supo ser. Supongo que era por su vozarrón: esa autoridad que emanaba de su registro, herencia segura de un padre militar.

Cuando uní voz e imagen lo que me quedó fue la sensación de un tipo fuera de este mundo. Y en algún nivel, el LSD y otros estimulantes le ayudaron a Morrison a lograr precisamente eso: transformarlo en un tipo que nunca tuvo la mala costumbre de seguir convenciones sociales. Y bueno, otra definición de lo mismo vendría a ser 'rockstar', ¿no?

Las actitudes extra-musicales de Morrison hoy en día nos pueden parecer medio estereotipadas o hasta, sobreactuadas y un poco pelotudas: al lado de él, Axl Rose parece un perno y Fred Durst, un wea (bueno, no hay necesidad de comparación para sostener la anterior afirmación). El punto es que Morrison fue uno de los primeros en estirar ese chicle al máximo y en parte, por eso lo vemos colgado de tantos afiches en las ferias artesanales de las playas del litoral.

Jim Morrison es recordado por lo que representa: no como el poeta brillante que quería ser, sino como el frontman profundamente libre que hacía lo que los que estamos debajo del escenario no podíamos hacer. Morrison (y varios otros, lo concedo) es la unidad de medida para captar a un verdadero rockstar: un agitador, un tipo intenso, obsecuente, único, y atractivo que simplemente sigue sus instintos, y si quiere algo, va por ello.

De hecho, acabó por dejar en segundo plano la brillante historia musical de The Doors, que son uno de los máximos referentes de la costa oeste en lo que a sicodelia se refiere. El tecladista Ray Manzarek es una gloria, y lo demostró cuando vino a Chile con Ian Astbury.

Este lunes se cumplieron 35 años desde que la novia de Morrison, Pamela, se levantó de la cama y no lo encontró hasta que buscó en el baño. La versión más recurrente dice que aspiró heroína de alta pureza confundiéndola con cocaína, y no se paró más de la tina. Y claro, no le ayudaron mucho todas las sustancias que se habia metido antes. El médico que lo vio dijo que tenía el organismo de un tipo de 50 y tantos.....

Si han visto fotos de Morrison cuando vivió en París, sabrán de que habló; gordo y barbón, Mr. Mojo Rising estaba viviendo la otra etapa del rockstar: la decadencia. El precio a pagar por la buena vida y la poca verguenza.

Si me preguntan a mí, me quedo con 'The Crystal Ship' (coincidimos, papá), 'Alabama Song' y 'People are Strange'. Pero hay millones de éxitos más. Y si se resisten y los encuentran pasados a caca, escuchen un 'Grandes Exitos' completo. Los reto a no agitar la cabeza o sentirse como en Woodstock. Nadie he pasado la prueba. Todo fluye, hermano!

2 Comments:

Anonymous WEI said...

Grande Arratia, grande los Rock Star, pero más grandes los que dejan de serlo para ser Pop Star y no morir...
O no?

3:20 PM  
Blogger Loba Esteparia said...

Ey wei....yo prefiero la muerte de un Rock Star a que se cambie al bando de los Pop Star...
Rock Star hasta la muerte, o Pop Star hasta la muerte, no ambos en una misma vida.
Además como dije por ahí...los grandes han encontrado en la muerte la inmortalidad, Morrison no morirá nunca en las conciencias ni en la historia de la música, y podría presagiar que en 10 años mas seguírá en posters del litoral...

Un beso rockstartiado...

Ma.VaLeRiA!!!

9:29 PM  

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