felipe arratia

Wednesday, October 11, 2006

El Gran Simulador

Hay un momento exacto en el show de Robbie Williams donde te das cuenta de que estás frente a un tipo con talento superior: es cuando el inglés le dice al público chileno que había perdido la confianza en su capacidad de entretener, y que esta noche, en Santiago, la ha recuperado. El cliché es evidente, burdo y casi equivalente a ponerse la camiseta de la selección. Pero uno le cree. Por alguna inexplicable y estúpida razón uno lo escucha, sonríe y aplaude cuando dice eso. Y nos seguimos dejando entretener por él, convencidos de que dice toda la verdad y nada más que la verdad.

El astro inglés hizo el martes 10 de octubre uno de los más perfectos shows de los últimos años en Chile, primera parada de su ‘Close Encounters Tour’. Técnicamente irreprochable, con un escenario muy similar al que usó U2 en el verano (igual de grande y con una pasarela para acercarle su encanto al público), tres pantallas gigantes de última generación y un team sobre el escenario que incluyó 6 coristas, 3 guitarras, bajo, batería, teclado y DJ. Que no se note pobreza.

Igual cuesta relatar algo que no haya sido ya ampliamente cubierto por los medios musicales y de farándula hoy, y es lógico: a la condición de astro mundial de Robbie, sumémosle el factor ‘Amalia Granatta’ y tenemos a SQP y a la revista Rolling Stone cubriendo un mismo evento.

Eso sí, lo que escuché varias veces hoy fue ‘¿Por qué no tocó (agregar aquí la canción que a ti te faltó)? En mi caso fueron ‘No Regrets’, ‘She’s the One’ y esa joya llamada ‘Let Love Be Your Energy’. ¿Más? ‘Kids’ ‘Supreme’ o ‘Betterman’. Pero bueno: lo increíble es que a pesar de tantas melodías desechadas en el setlist, el concierto mantuvo una categoría superior. De hecho, las escasas 16 canciones en casi dos horas de show obedecen a que Williams no sólo vende buenas canciones: él vende principalmente a Robbie Williams, y para eso fue clave su diálogo prolongado con el público entre tema y tema; el british generó una intimidad alucinante con 50 mil personas en el Nacional, y nadie le reprochó que maximizara el tiempo y cantara más canciones. ¿Cómo carajo se consigue eso? Ah, bueno, pregúntenle a él porque yo ni idea.

Entre otras perlas, Williams fue a ver si una desmayada se encontraba bien, chuteó un peluche que le tiraron, imitó a diversas figuras musicales (Bee Gees, Lou Reed, Elton John, Bob Marley, Elvis), mostró el culo (previo aviso a la gente para que desenfundaran sus flashes), se mofó de su propio pasado con Take That y bueno, como olvidarlo, se acordó de Amalia en ‘Monsoon’, uno de los temas menos caballerosos de su repertorio.

Desde el comienzo con ‘Radio’, advertimos que la fortaleza estaba en Williams como showman, aunque, contrario a lo que la ‘seudo-prensa-musical-shúper-alternativa-hablo-de-Velvet-Underground-y-soy cool’ dijo, el hombre canta y tiene un registro bastante decente. ‘Rock DJ’ trajo el delirio inmediato, y luego, el show se fue transformando en una segunda oportunidad para darle más valor a canciones que no lo tenían en mi inconsciente. Eso fue lo que me pasó con la gloriosa ‘Tripping’ y su alargue con el ‘every little thing’s gonna be alright’, o con ‘Come Undone’ (un video NO-TA-BLE) y ‘Advertising Space’, dos lentos impecables. ‘Millenium’ y ‘Strong’ son dos gemas de predecible impacto, pero fue curioso que tocara ‘Make me Pure’ o el swing ‘Me and my Shadow’.

Después de que hizo ‘Feel’ (mi canción favorita) ya me podía ir tranquilo a casa. Pero quedaba más: de regreso al escenario vestido de rapero Old School, Williams se mandó ‘Let me Entertain You’, y una versión sobresaliente de su nuevo hit, ‘Rudebox’, con un juego de luces y coreografía que eran una verdadera invasión a los sentidos. El cierre no podía ser de otra forma: ‘Angels’ se impone por presencia y funciona en todo tipo de circunstancias. Es la ‘We Are the Champions’ de Robbie Williams.

En todo caso, me quedó la sensación de que el hombre tiene ese arrastre por algo muy simple: Robbie se siente cercano porque tiene espíritu de guatón parrillero. No se compra la pomada del galán y cuando juega a hacerlo, es para reirse del cliché de los galanes; muestra la guata y bromea con su pasado de jalero. Su inseguridad de ex -gordo lo hace ser el primero en agarrarse pa’l weveo para anticiparse a las tallas del resto. Es el clásico guatón buena onda amigo de todos y payaso del grupo. Sólo que este tiene ojos claros, acento british y personalidad magnética. Y claro, se llama Robbie Williams.

3 Comments:

Blogger carlatia said...

mmm..
a pesar de lo buenoq ue dicen que fue el show, igual no huviese pagado por verlo, quizás eso tan farandulero que tiene no me atrae..
quizás su cara..que le encuentro algo que realmente me desagrada y lo mas chistoso no lo sé explicar..
pero bueno..
para mi RW sin pena ni gloria

saludos Felipe..

9:43 AM  
Anonymous Anonymous said...

Wuauu.
El concierto estuvo realmente increible. Quedó absolutamente desmostrado que es un verdadero showman y que es capaz de hacer de todo. No sólo se subió al escenario y cantó, sino que nos deleitó con sus canciones, conversaciones, bailes, muecas y, ¿por qué no?, con su trasero.
Ahora que sé cómo es asistir a un concierto de Robbie, al próximo pago sin pensarlo para estar adelante.
Como siempre, muy buenos tus comentarios; se nota que tienes mucha labia para esto... para las mujeres igual??. Me extrañó enterarme de que un fanático, hasta los calzoncillos de los Red Hot, había estado en cancha vip sólo para ver a este idolo del pop... pagaste???
Si me preguntas cuál fue el tema que para mi faltó... es es, sin lugar a dudas, Misunderstood.
Ci vediamo presto.
Ciao.

11:58 AM  
Anonymous Anonymous said...

estoy de acuerdo con los temas qe faltaron....
pero que viniera ya es suficiente...
las horas en las que estuve de pie no las senti, y al final sali contenta del estadio, revitalizada,
fue como ver al elvis del nuevo milenio...

4:26 PM  

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